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El programa Aprendiendo a Querer nace como una propuesta orientadora para padres, apoderados y profesores en la importante tarea educativa de niños y jóvenes en la función de integrar en sus vidas la información necesaria, los hábitos y habilidades para que sean personas responsables, felices y exitosas.


lunes, 20 de junio de 2011

El Placer

Alguien dijo alguna vez que el placer es la gota de aceite que Dios o la Naturaleza pusieron para hacer que la «maquinaria» de relación profunda entre dos personas y de procreación funcionara adecuadamente. Esto es cierto, pero es una gota.

El concepto de placer como clásicamente se lo ha considerado corresponde a la emoción intensa relativa a los sentidos.


En realidad no es fácil definir el placer de una manera tajante ya que como todas las experiencias vitales, no es posible encasillarla en términos (lo existencial no es definible). De todos modos no es difícil mostrar a qué nos referimos.

En último término, como el placer depende tanto el cuerpo y el cuerpo es algo limitado y cambiante, el placer es pasajero, de un instante, a lo mejor de horas, pero difícilmente de más. Podemos traerlo a la memoria y sabremos que un día sentimos placer en alguna cosa, pero no lo volvemos a sentir igual.


Por otro lado el placer como sólo placer satura y finalmente aburre. Las cosas, aunque parezca que nos van a divertir siempre, pueden llegar a aburrirnos. Por tanto para mantenerse exige más intensidad del estímulo que lo produjo, nuevas sensaciones. Esto tiene su peligro pues genera descontrol en las personas que sólo buscan el placer más refinado o más intenso.


En lugar de ayudar a ser más dueños de nosotros mismos el placer puede llegar a empujar caprichosamente por cualquier camino y finalmente quitarnos la libertad: no mandamos nosotros, manda el placer. Esto no se puede permitir porque no hemos nacido para el placer.
Dicen los especialistas: "Si el placer es buscado como satisfacción de las necesidades del individuo, el acto sexual pierde su valor esencialmente humano".


Sin embargo el placer allí está, es parte del hombre y la mujer y de todas sus relaciones, por lo que no puede ser malo. Lo esencial de lo antes ya descrito es que como personas no estamos llamados únicamente al placer, sino a la verdadera felicidad, fruto del amor.
"El amor otorga un sentido a la sexualidad, no así el placer".


Pretender llegar a la felicidad partiendo del placer sexual y esperando profundizar la relación es una ilusión que hoy nos vende la televisión y los medios, en los que se ven parejas que lo primero que hacen al conocerse es tratar de experimentar placer y luego comienzan el conocimiento o incluso plantean una presunta felicidad basada en el placer. Ante esto sólo recordemos que ellos actúan al compás de un libreto; la vida diaria es distinta, más intensa, más profunda.