“Se la pasa frente a ese aparato, parece que lo tiene tonto, uno le habla y “correte de ahí”… después llega Sofía y empieza la lucha. Entre medio comemos...¡¡¡Ya no hay comunicación en nuestra casa!!!! Alejandra 39 años. “La TV me gusta pero no es para tanto, es que si no hay nada que hacer….” Fabián 16 años.
Desde esta perspectiva nos encontramos con un tema que preocupa y que parece contradictorio. Los adultos los ven hipnotizados con los medios, y ellos los subestiman ¿excesiva sensibilidad adulta o extrema indiferencia adolescente?
No podemos negar que los medios son cada vez más útiles y asombrosos, son instrumentos que tienen la ventaja de comunicarse con las grandes masas y puede ser utilizada para el crecimiento de la conciencia humana. Deben estar al servicio del hombre y por lo tanto quien lo emplea debe estar consciente de lo que busca.
Pero presentan una serie de nuevos problemas para las familias y la sociedad en general, explicitan la homogenización de las culturas, mezclan mensajes importantes y cargados de valores con otros tendenciosos o superficiales, instrumentalizan y hacen del dolor un show.
En el día a día ¿son alternativas a la soledad? Podemos decir que los medios ocupan espacios vacíos, los padres que trabajan han dejado a sus hijos con muchas horas disponibles, solos, en sus casas.
Sin duda el impacto afectivo o emocional es el que nos preocupa. Incluso en los sectores marginales donde hasta en las viviendas más precarias hay un espacio para la televisión. El fenómeno estructurante ocurre en los primeros años de vida y desde allí emana repercusiones en lo que será la vida adolescente y adulta.
Si estamos ante casos en que de pequeños pasan largas horas en la televisión puede llegar a sentirse envuelto por ella, adecuándose y hacerse dependiente suyo, tanto que su conciencia crítica se debilita. Se pierde contacto con lo real y el daño moral puede ser irreparable. Puede llegar a no revivir los sentimientos humanos en toda su compleja belleza y alimentándose de relaciones ficticias se debilita la propia capacidad de establecer relaciones auténticas.
¿Si ve escenas de sexos, querrá tener sexo? Sí, pero depende, del tipo de escenas, edad, características del hijo y de otros factores que aumentan el deseo sexual. Las imágenes erotizadas entregan su materia prima para la reproducción de los instintos que buscan satisfacción inmediata.
¿TV a toda hora o no tener TV en la casa? Ambas son un error, no podemos negarnos a los adelantos técnicos que forman parte de nuestra sociedad y también el uso no selectivo de la televisión trae el alto riesgo de hacer de la TV el exclusivo formador de la conciencia de los hijos.
La necesidad de FILTRO va desarrollada por los adultos como autofiltro. El impacto está pero hay que seleccionar lo mejor para los propios fines e intereses. Por tanto la cuestión no está en que los medios hacen, sino en lo que NOSOTROS HACEMOS con ellos.
A continuación algunas recomendaciones:
1. Hay escenas y escenas, gestos y caricias cargadas de afecto y respeto por la propia intimidad. Hay otras en que todo aquello que es íntimo a la relación sexual se hace explícito rápidamente. No perder este punto de referencia.
2. No connotar palabras negativas como censura y restricción. Ellos necesitan saber por qué no les ayuda a su crecimiento gradual ver ciertas imágenes. Enfatizar lo que sí pueden ver y los ayuda a desarrollarse mejor.
3. No sólo analizar escenas de contenido sexual, sino también las de violencia sin sentido, agresividad verbal, omisiones sociales, etc.
4. Ser agentes decodificadores: como adultos emitir mensajes , preguntas, cuestionar la información recibida. Reotorgarle sentido e interpretar la información.
5. Elegir los programas y no que ellos nos elijan, invitemos a la tele pero no la dejemos entrar sin permiso
6. Pongamos la tele al servicio de nuestros intereses y no al revés.
7. Aprovechar la tele para iniciar el diálogo y no para cerrarlo.
8. Ver juntos los programas que a los niños y jóvenes le están interesando, analizarlos, comentarlos y rescatar siempre lo positivo por poco que sea.
9. Desmitificar los mensajes absolutos de las publicidades: aparecen haciéndonos necesitar lo que hasta ahora no necesitábamos.
10. Acordar horarios y programas es parte del pacto educativo de padres e hijos.
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